FIESTA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

 Reflexión del P. Federico Soto S., párroco de Jesús de Nazareth

 

 

Queridos Hermanos y Hermanas:

                 Se aproxima la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, devoción en la que, siendo niños, se fortaleció y consolidó nuestra fe.

                  Nuestro crecimiento en la fe, hizo que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, fuera la fuente de inspiración de la que, cual vaso sagrado, siempre llenamos y alimentamos nuestra espiritualidad y, que nos sirve para guiarnos en el camino de la perfección de vida, y que nos enseña a confiar en la Misericordia de Dios.

                   Mas de una vez, se le escuchaba decir a la Beata Madre Rosa: “¿Por qué….por qué no corres al Corazón de Jesús?. Es allí donde encontraras el verdadero consuelo y donde sacaras gracias para continuar en el camino del Señor”.

                      Por la importancia que tiene para los cristianos este culto, los invito a detenernos, y meditar en esta devoción que es un regalo de Dios a toda la Iglesia.

 

UN POCO DE HISTORIA:

                       

                          Recordaras que, el año pasado, en Junio del 2006, para ser mas específico, se cumplieron 150 años de la extensión de este Culto a toda la Iglesia por decisión del Papa Pío IX.

                         Un siglo después, para conmemorar el primer centenario de este Culto Universal, el Papa Pío XII escribió la Encíclica “Haurietis aquas”, que fue retomada por el Papa Benedicto XVI, el año pasado, en su mensaje con motivo de los 150 años de esta devoción, que dicho sea de paso, te recomiendo leas completo pues, solo haré referencia  a algunas frases del mensaje del Papa Benedicto XVI que nos dirigió el año pasado.

                         En su mensaje, del año pasado, Benedicto XVI presenta el Corazón traspasado del Redentor como “manantial para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su amor”.

                         En otras palabras, lo que Benedicto XVI nos dice es que, la devoción y culto al Corazón de Jesús, es el contenido de toda la verdadera espiritualidad y devoción cristiana.

                         El Papa nos invita a una mirada contemplativa, “en silenciosa adoración”, del costado traspasado de Cristo, del que “salen sangre y agua”, que “nos ayuda a reconocer la multitud de dones de gracia que de ahí proceden y que nos abre a todas las demás formas de devoción cristiana que están comprendidas en el culto al Sagrado Corazón de Jesús”.

                          “Es mas, añade el Papa Benedicto, los dones recibidos del costado abierto de Cristo, del que han salido sangre y agua, hacen que nuestra vida se convierta también para los demás en manantial del que manan ríos de agua viva”.

                         Lo que yo entiendo de estas palabras, de Benedicto XVI, que he destacado en negro, es que la experiencia del amor surgida del culto del costado traspasado del Redentor, nos protege ante el riesgo de replegarnos en nosotros mismos, y nos hace más disponibles a una vida para los demás.

                         El Papa Benedicto XVI, en una frase final de su mensaje, nos dice que, “la contemplación del costado traspasado por la lanza, en la que resplandece la voluntad sin limites de salvación de parte de Dios, no puede ser considerada como una forma pasajera de culto o de devoción: la adoración del amor de Dios que ha encontrado en el símbolo del corazón traspasado su expresión histórico-devocional, sigue siendo imprescindible para una relación viva con Dios”.

                         De lo anterior se desprende que, el Corazón de Cristo, es el símbolo del amor de Dios. Símbolo de la plenitud del amor de Dios. De todo lo que El significa.

                         Por lo tanto, debemos tener muy claro que, la devoción al Corazón de Jesús, no es el culto a una parte de su organismo o de su anatomía humana, es el culto y la devoción al mismo Jesús, a la persona entera de Jesucristo.

                           De hecho, y esto lo puedes constatar en las imágenes que tienes en tu hogar o en la parroquia, en la iconografía de esta devoción, no se permitió jamás mostrar sólo el corazón.

                        Había y hay que  representar a Cristo en su humanidad completa, porque El es el objeto de nuestra adoración, y a El se dirige nuestra oración al decir: “venid, adoremos al Corazón de Jesús, herido por nuestro amor”.

                         De ahí, que la devoción de todos los Santos, al Sagrado Corazón de Jesús, constituía la entraña misma de su amor a Dios, que les servia de faro para mantener siempre el rumbo, vivir en la gracia de Dios y actuar con piedad y caridad cristiana.

                         Para nosotros, los hijos e hijas de Dios, hablar del Corazón de Jesús es hablar de su humanidad, de quien “nos amó con corazón de hombre”, como afirma el concilio vaticano II. Hablar del Corazón de Jesús es hablar del amor de Dios a los hombres. “Te amé con amor eterno”. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único”.

                          Si hoy, alguien te pregunta: ¿Qué es el Corazón de Jesús para ti?, no dudes en responder: “El corazón de Jesús es el centro de mi vida, la fuente de mi espiritualidad, el motivo principal de mis actitudes y elecciones, el lugar que Dios ocupa en mi corazón”.

                          Si hoy, alguien te pregunta: ¿Qué mensaje nos da Dios, en esta celebración del Sagrado Corazón de Jesús?, no dudes en responder que, celebrar el Corazón de mí amado Jesús es celebrar nuestra Redención. Es celebrar al amor y responder al amor amando. Es celebrar  a ese amor que tantas veces no es amado.

                           Recuerdo las siguientes palabras de nuestro amado Juan Pablo II: “El corazón habla al corazón”. Palabras del Papa referencia a que, la devoción en al Corazón de Jesús, es  expresión y coloquio de amor.

                          Así decía Juan Pablo II porque sentía que celebrar al Corazón de Jesús equivalía a celebrar el sacramento del amor de Dios.

                           Termino con las palabras de San Ignacio de Loyola:

“Cuerpo de Cristo, sálvame; Sangre de Cristo, embriagame; agua del costado de Cristo, lavame”.

 

                                                   Padre Fico

                

 

 

 

Arica, Junio del 2007.-

 

 

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