SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

 

Reflexión del P. Federico Soto S. párroco de Jesús de Nazareth

 

Queridos Hermanos y Hermanas:

Celebramos la Fiesta del CORPUS CHRISTI y, unidos en Jesús, Pan Vivo bajado del Cielo, los invito a meditar en esta  solemnidad y, prepararnos espiritualmente para la celebración diocesana que, junto a nuestro Obispo, viviremos éste fin de semana.

 

I.  COMER DE ESTE PAN Y BEBER DE ESTA COPA, PARA LA PROCLAMACIÓN  DEL REINO.

“Pues cada vez que comen de éste Pan y beben de ésta Copa, ustedes proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva”. (1 cor.11, 26)

 

Atraigo la atención de ustedes,  sobre algo que ya saben, pero que es bueno volver a traer al corazón: estamos llamados a celebrar la Cena del Señor, memorial del Sacrificio Redentor de Cristo, sacrificio del Hijo de Dios, y banquete para nosotros, su pueblo, Sacramento de unidad, del que participamos de verdad. Haciéndolo, a la vez, nos unimos al misterio de la muerte del Señor.

Esto es muy importante, toda vez que, como discípulos y misioneros de Cristo, esta unión nos transforma en anunciadores del Reino de Dios, en trasmisores, por decirlo así, de la Paternidad Divina y de su Amor.

Sintámonos, entonces, deudores de aquellos que no han recibido el Pan de la Palabra, el Pan de la Eucaristía y, proclamemos con alegría la muerte del Señor y su gloriosa Resurrección. Este es el centro de nuestra fe.

 

II. EL CORPUS  CHRISTI, FIESTA DE LA IGLESIA PEREGRINA Y MISIONERA.

 

Hoy la Iglesia lleva al Santísimo Sacramento  solemnemente en procesión, proclamando, de modo público, que el sacrificio de Cristo es para el  mundo entero. La Iglesia nace del costado abierto del Salvador, y con Pentecostés recibe el divino impulso de misión, hecha Ella así, Pueblo de la Nueva Alianza, que inicia su peregrinación hacia la Patria del cielo.

Cada uno de nosotros, animados y vivificados por el Espíritu Santo, vivimos de la Eucaristía, que nos llena de esperanza, confianza y paz.

El mismo Cristo pide a sus discípulos que den de comer al Pueblo: “Denles ustedes de comer”.(LC.9,13), haciendo así que El se valga divinamente de aquellos que lo siguen, para satisfacer el hambre de la gente, que no es solo hambre espiritual, sino también hambre de fraternidad y de deseos de llegar al cielo, hambre de vida eterna.

No tendríamos derecho de desentendernos de esta obligación con el prójimo. Antes bien, somos, en un sentido, deudores de ellos.

Démosles nosotros de comer, para satisfacer toda hambre de Dios. Es parte también de nuestro mandato misionero, de nuestro “compromiso apostólico” que nos llama a “preocuparnos  por el primado de la Evangelización para la propagación de la fe”.

En la Carta Encíclica “Redemptoris missio”, sobre la misión en el mundo contemporáneo, el Papa Juan Pablo II nos habla de una  “nueva primavera del cristianismo”. Y nos dice que en esta nueva mencionada nueva primavera, no se pueden dejar ocultas ciertas dificultades: “Dificultades internas y externas han debilitado el impulso misionero de la Iglesia…lo cual es un hecho que debe preocupar a todos los creyentes en Cristo….La fe se fortalece dándola”.

Y, ¿qué mejor centrarnos en la Eucaristía, para dar de esa, nuestra fe, a quienes mas la necesiten?. La fe se fortalece dándola. El Espíritu de Pentecostés nos impulsa siempre.

Existe un misterio indisoluble entre Pentecostés y Corpus Christi, porque es el Espíritu el que nos anima y nos congrega en la Eucaristía, para dar el Pan de la Fe, la Esperanza y la Caridad a los hermanos.

Pienso en voz alta: Qué maravilla seria que, las mías, no solo fueran palabras lindas, sino una realidad en nuestro corazón y en nuestro obrar.

 

III.             ALABA, SION, A TU SALVADOR.

 

¿ Cómo podemos ser colaboradores reales de la nueva primavera del cristianismo?.

Pregunta que, a mi parecer, no resiste otra respuesta que ésta: Haciéndonos instrumentos dóciles de Jesús. Haciéndonos instrumentos de la alabanza de su Gloria. O mejor dicho, dejándonos hacer por su Gracia transformadora.

El puede transformarnos, enteramente, como personas. Alabar es fruto de ese sentimiento interior de gratitud.

Aprovechemos la celebración de esta Fiesta del Corpus Christi para ponernos a disposición del Señor.

Y, digámosle así: Gracias, Señor, por todo lo bueno que nos das. No lo merecemos. Perdón por cuan poco fieles hemos sido al llamado de tu Amor. Queremos ser colaboradores de la nueva primavera de la fe que quieres infundir en nosotros.

Aprovechemos esta Fiesta, para “ponerle el hombro” a una vida mas eucarística, solidaria y unida.

Contemplando a la Virgen Maria, Madre de Gracia y Misericordia, podremos ver con más claridad interior la fuerza transformadora que tiene la Eucaristía. Para seguir a Jesús, Buen Pastor, proclamando su Muerte y Resurrección.

Vivamos Eucarísticamente nuestra pertenencia a la Iglesia, para que no olvidemos nunca que, La Virgen y La Eucaristía, es un proyecto de vida que nos infunde el Espíritu.

 

 

                                                     Padre Fico

                                             

                     

 

 

Arica, en la Fiesta del Corpus Christi del 2007.-

 

 

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