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  El malabarista de María

Martín era hijo de un cirquero y todo su vida la había vivido dentro del circo,
viajando de un lugar a otro sin un lugar fijo para vivir, creció sin tener
estudios mas que lo que su madre le enseñaba, difícilmente podía leer y
escribir, sabia algo de matemáticas, sumar, restar, multiplicar y dividir, pero
hasta ahí.

El padre de Martín no podía considerarse un padre ejemplar ya que era poco
cariñoso, en raras ocasiones mostraba interés por su hijo, pero, por el
contrario la madre de Martín era una mujer bondadosa que siempre había cuidado
de su único hijo.

Los años pasaron y Martín se volvió un joven apuesto, su vida seguía dependiendo
del circo, era uno de los payasos malabaristas que entretenían y hacía reír a
los niños, como es natural la madre de Martín envejeció y con el tiempo se puso
débil y enferma.

Un día muy triste en la vida del payaso malabarista fue cuando su madre
falleció.... ese día Martín estaba junto a su madre, una gran pena invadía su
corazón pues los doctores le habían dicho que todo estaba en manos de Dios, no
se podía saber si su madre viviría meses, semanas o días, inclusive podría
fallecer en cualquier momento, Martín no era creyente en Dios ni en las
enseñanzas de la iglesia sin embargo era muy respetuoso de las creencias de su
madre quien siempre había sido una fiel creyente de María.

Ese día la madre de Martín le dijo -- hijo, estoy muy vieja y es hora de que me
retire a descansar, pero quiero que sepas que no te dejo solo, en la Virgen
María siempre podrás encontrar a una madre aún mas amorosa que yo, mantente
cerca de ella y ella te cuidará -- dicho esto la madre de Martín falleció.

Martín quedo profundamente conmovido por la fe de su madre quien hasta en sus
últimos instantes de su vida siguió confiando ciegamente en María --mantente
cerca de ella y te cuidará-- las Ultimas palabras de su madre habían llegado a lo
mas profundo de su corazón y fue a través de estas palabras como Martín recibió
el llamado de Dios, un par de días después del fallecimiento de su madre, Martín
ingresó a un monasterio y se hizo un monje.

Lo primero que Martín hizo al entrar al monasterio fue aprender todo lo que
podía con respecto a María, se podría decir que fue un amor a primera vista,
desde el primer día en el monasterio Martín se convirtió en una persona
profundamente mariana, sin embargo la vida del monasterio era un cambio
demasiado fuerte para los hábitos de Martín, el no estaba acostumbrado a pasar
horas en oración, aun el rezo del rosario resultaba demasiado tedioso para
alguien que acababa de aprender el Ave María.

Un día cuando todos los monjes estaban en oración dentro de la iglesia, Martín
se separo del grupo y se encerró en una de las capillas en las que se encontraba
una bella imagen de María y se puso a hacer lo que el mejor sabía hacer:
malabares, se quitó el hábito de monje, se maquilló como payaso y se preparo
para ofrecer a María la mejor función de malabares que jamás se hubiera podido
ver. Martín paso horas brincando y dando marometas, aventando pelotas, aros,
cubos y cuanto objeto había aprendido a malabarear durante toda su vida..

Después de horas los monjes salieron de la iglesia y solo uno de ellos se
percató de lo que Martín estaba haciendo , el monje pensó que Martín se estaba
burlando, ¿qué mas se podía esperar de El?, después de todo apenas sabía leer y
escribir y jamás se le había dado educación religiosa, el monje se apresuró en
llamar al resto de los monjes para que todos vieran la forma en que Martín
blasfemaba -- entre todos le daremos un castigo ejemplar -- pensó el monje.

Todos los monjes se reunieron fuera de la capilla en la que se encontraba
Martín, quien se encontraba tan concentrado en la que hacIa que no pudo
percatarse de la presencia de sus compañeros, ellos lo observaban a través de la
ventana de la sacristía, mientras esperaban que otro de los monjes llegara con
la llave para poder abrir la puerta. En eso Martín terminó su presentación y
dirigiéndose a la virgen le dijo -- espero te haya gustado -- habían sido varias
horas de fuertes ejercicios, Martín estaba sudando y se encontraba agotado pero
se había hecho el propósito de no parar hasta mostrar a María todos y cada uno
de los difíciles movimientos que había aprendido a lo largo de su vida y lo
cumplió.

De pronto y ante la mirada de incredulidad de los monjes María cubrió a Martín
con su manto -- estas cubierto de sudor y el aire es frió, te puedes enfermar --
después de decir esto María limpió el sudor de la frente de Martín -- tú debes
ser el mejor malabarista del mundo, tu presentación me gusto mucho, gracias --.

Martín comprendió que su madre tenía razón cuando le dijo que en María podría
encontrar a su madre, con el tiempo Martín se volvió mAs paciente y aprendió a
orar, nadie oraba con tanta intensidad y devoción como Martín. Por su parte los
monjes aprendieron que es muy importante la oración, pero que aUn mAs importante
es el hacerlo con el corazón ya que esta es la mejor forma en que Dios y María
nos escuchen..

autor desconocido