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Documentos y Mensajes del Obispo
“Las familias tienen derecho a solicitar clases
de Religión para sus hijos” Estimados(as) Directores(as): En los últimos días los medios de comunicación social han estado dando a conocer la iniciativa de organizar “Brigadas Gay” en los colegios del país. Frente a esta situación nos ha parecido conveniente compartir con ustedes cuanto sigue: 1.- Esta iniciativa no proviene del Ministerio de Educación, sino del MOVILH (Movimiento de Liberación Homosexual). De hecho, el mismo Ministro de esa Secretaría de Estado, en declaraciones a la prensa, se ha pronunciado en pleno desacuerdo con esta iniciativa. 2.- Nos inquieta que alumnos(as) que se encuentran en la pre-adolescencia o adolescencia estén en condiciones en esta etapa de su desarrollo evolutivo y de consolidación de su identidad sexual, de afirmar en forma definitiva que son homosexuales. Es también cierto que muchas veces esta percepción obedece, fundamentalmente, a confusiones o experiencias negativas tenidas en el campo de la sexualidad. Nos preocupa que esta definición o autodefinición se dé sin fundamento, ya que, por la experiencia pastoral de nuestra Iglesia, sabemos lo difícil que ha sido la vida para aquellos que viven esta inclinación sexual, por no haber recibido el acompañamiento profesional y pastoral oportuno en aquella etapa de la vida en la que afirmaban su identidad en este aspecto. 3.- El tema de la homosexualidad ha sido y sigue siendo un desafío no menor para los educadores. Considerando los tiempos que vivimos y, sin la pretensión de agotar el tema, deseamos insistir en algunos criterios que brotan de la experiencia pedagógica y pastoral al respecto de una Iglesia que se esfuerza por testimoniar su vocación de Madre y Maestra de Vida: a)
Considerando que los padres son los primeros y principales educadores de sus
hijos (as) y que la familia es la primera escuela formadora de valores, el
rol de ésta es fundamental en la educación de la afectividad y sexualidad de
los hijos. b) Aconsejamos que aquellos alumnos(as) que se manifiestan preocupados por esta temática, sean acompañados profesional y pastoralmente. Para ello, los docentes y especialmente los orientadores y profesores jefes deberían contar con una formación adecuada. A su vez, los colegios deberían tener especialistas hacia los cuales derivarlos, si así fuera necesario. c) Es muy importante y necesario que cada colegio cuente con un programa de educación sexual para la totalidad de los(as) alumnos(as), en el cual se pueda anunciar y desarrollar el significado más profundo de la naturaleza del ser varón o mujer y aquellas características, actitudes, valores, riquezas y compromisos que de ello se desprenden. d) El hecho que un(a) alumno(a) se manifieste abierta y públicamente homosexual no puede significar, por parte de la comunidad educativa, el desarrollo de actitudes o medidas discriminatorias de ningún tipo. La Iglesia afirma que los homosexuales merecen respeto, comprensión y acogida. Ella misma recuerda que la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, no puede ser definida de manera adecuada con una referencia reducida sólo a su orientación sexual. Todo ser humano es por Gracia hijo de Dios y heredero de la Vida Eterna y, como tal, posee oportunidades de crecimiento, recursos, talentos y dones propios. A su vez, resulta imprescindible invitarlos a reflexionar y revisar su posición y a dejarse acompañar espiritual y profesionalmente con la esperanza siempre viva de poder cambiar la percepción que tienen de su identidad sexual y, por ende, las conductas que se derivan. e) Lo que resultaría inaceptable, más aún en un contexto escolar, es que alumnos(as) que se autodeclaren públicamente como homosexuales, pretendan desarrollar conductas promiscuas u organizarse con la finalidad de promover su condición como si fuese una opción de vida homologable a la heterosexual. Debe evitarse por ello cualquier instancia o actividad que, sin proponérselo, pueda terminar motivando, atrayendo o confundiendo a compañeros(as) por la condición homosexual, justamente en una etapa tan delicada de la formación de su identidad como es el paso de la preadolescencia a la adolescencia. Para la claridad de los(as) alumnos(as) y sus familias, este tipo de situaciones deberían estar contempladas en la reglamentación interna y en los manuales de convivencia de los colegios, evitando estigmatizar en ellos la persona de los(as) homosexuales. 4.- Como un
aporte para enriquecer la reflexión en torno a esta temática, adjuntamos el
documento “Atención Pastoral a las Personas Homosexuales”, de la
Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede, del 1º de octubre
de 1986. + Héctor Vargas Bastidas
Los sacerdotes estamos llamados a ser
Eucaristía para los demás, afirma Mons. Héctor Vargas . Volver |
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