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Eucaristía de Acción de Gracias
Mons. Héctor Vargas, ofició la
eucaristía en el morro de Arica, a los pies del Cristo de la Concordia.
Con la participación de autoridades civiles y militares, delegaciones de
las unidades militares e invitados, se celebró el 06 de junio la
eucaristía con la que tradicionalmente se recuerda el asalto y toma del
morro de Arica. La celebración fue presidida por Monseñor Héctor
Vargas B. Sdb, Obispo de Arica y concelebrada por los capellanes
militares de Arica.
En su mensaje Monseñor Vargas reconoció el histórico
morro de Arica como "signo
tanto de dolor y enfrentamiento, como del testimonio
de vidas ofrendadas en aras de grandes ideales y profundo amor a la
respectiva Patria..." y envió a todos los "...hombres y mujeres
de buena voluntad, nuestros deseos de paz."
Monseñor
indicó que "...en esta bendita tierra ariqueña, la paz se vio
perturbada por razones relacionadas con la búsqueda y defensa de lo que
se consideró bienes superiores por parte de los Estados involucrados.
Hoy en día, en esta misma tierra, la paz puede verse quebrantada más
bien por diversidad de expresiones internas, relacionadas con
situaciones que afectan a personas, familias y la sociedad misma, y que
si no son atendidas adecuadamente pueden generar la espiral de la
violencia. A todos ellos, con la fuerza de la sangre de los héroes que
admiramos, dirigimos nuestro saludo y deseo de paz. En particular a
todos los que están probados por el dolor y el sufrimiento, a los que
viven bajo la amenaza de la violencia de los gestos y las palabras, los
que son víctimas de la agresión intrafamiliar o que, agraviados por la
injusticia y en su dignidad, esperan en su rescate humano y social. Hoy
día, en efecto, estamos convencidos de que respetando a la persona se
promueve la paz, y que construyendo la paz se ponen las bases para un
auténtico humanismo integral. Así es como se prepara un futuro sereno
para las nuevas generaciones. Si no hay paz interior en el corazón del
hombre, si él no está en paz consigo mismo, con los demás, con la
naturaleza y con Dios, la paz política será una mera formalidad. No
existe potencial bélico que pueda hacer frente a ello."
Monseñor Vargas recordó que La
Sagrada Escritura dice: «Dios creó el hombre a su imagen; a imagen de
Dios lo creó; hombre y mujer los creó» (Gn 1,27). y que por haber sido
hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no
es solamente algo, sino alguien, capaz de conocerse, de poseerse, de
entregarse libremente y de entrar en comunión con otras personas.
por esto "El deber de respetar la dignidad de cada ser humano, en el
cual se refleja la imagen del Creador, comporta como consecuencia que no
se puede disponer libremente de la persona. Quien tiene mayor poder
político, tecnológico o económico, no puede aprovecharlo para violar los
derechos de los otros menos afortunados."
"la vida es un don que el
sujeto no tiene a su entera disposición. El derecho a la vida no está
sometido al poder del hombre. La paz necesita que se establezca un
límite claro entre lo que es y no es disponible: así se evitarán
intromisiones inaceptables en ese patrimonio de valores que es propio
del hombre como tal." manifestó el obispo de Arica.
El derecho a la vida, no solo se ve amenazada por la
guerra "...hay
muertes silenciosas provocadas por el hambre, el aborto, la
experimentación sobre los embriones y la eutanasia. ¿Cómo no ver en todo
esto un atentado a la paz? El aborto y la experimentación sobre los
embriones son una negación directa de la actitud de acogida del otro,
indispensable para establecer relaciones de paz duraderas..."
Don Héctor relacionó la
paz también con la ecología de la naturaleza "...la humanidad, si
tiene verdadero interés por la paz, debe tener siempre presente la
interrelación entre la ecología natural, es decir el respeto por la
naturaleza, y la ecología humana, es decir el respeto por la vida y
dignidad del ser humano. La experiencia demuestra que toda actitud
irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia
humana, y viceversa. Cada vez se ve más claramente un nexo inseparable
entre la paz con la creación y la paz entre los hombres."
Monseñor Vargas llamó a "proclamar
incansablemente que los derechos descritos en la Declaración de las
Naciones Unidas, no están simplemente fundados en una mera decisión de
la asamblea que los ha aprobado, y por ello sujetos a mayorías relativas
o negociables, sino en la naturaleza misma del hombre y en su dignidad
inalienable de persona creada por Dios."
Finalmente dirigió un llamado
apremiante al Pueblo de Dios "...para que todo cristiano se sienta
comprometido a ser un trabajador incansable en favor de la paz y un
valiente defensor de la dignidad de la persona humana y de sus derechos
inalienables. El cristiano, dando gracias a Dios por haberlo llamado a
pertenecer a su Iglesia, que es « signo y salvaguardia de la
trascendencia de la persona humana »
en el
mundo, no se cansará de implorarle el bien fundamental de la paz, tan
importante en la vida de cada uno. Sentirá también la satisfacción de
servir con generosa dedicación a la causa de la paz, ayudando a los
hermanos, especialmente a aquéllos que, además de sufrir privaciones y
pobreza, carecen también de este precioso bien. Jesús nos ha revelado
que «Dios es amor» (1 Jn 4,8), y que la vocación más grande de cada
persona es el amor. En Cristo podemos encontrar las razones supremas
para hacernos firmes defensores de la dignidad humana y audaces
constructores de la paz."

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