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EVANGELIO DEL DÍA --> Jn 4,5-42 «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva».

Mensaje de Cuaresma

 Llamados a vivir la conversión en nuestra familia y vocación

 

 1. Hermanos, la liturgia de hoy uno de marzo, nos introduce en el misterio de la conversión mediante el signo de la ceniza. Con la fuerza de la sencillez de la ceniza, estamos reconociendo la necesidad que tenemos de "dejarnos reconciliar con Dios"(2Co 5,20).

 

2. Un año más nos sorprende la presencia de Dios en medio nuestro, como una mano que se acerca para levantar y animar a los que están cansados y agobiados. El evangelio de hoy, nos da el tono para comprender la invitación de toda la Cuaresma, llegar con un corazón bien dispuesto al encuentro Pascual, que revitaliza y enciende la vida a propuestas atractivas para testimoniar al Señor Resucitado.

 

3. En el momento que escribo este mensaje, nos encontramos atravesando dificultades nacionales, hermanos de 7 o más regiones de nuestro país se han visto enfrentados a incendios, que en palabras de nuestras autoridades, no tienen referentes en el pasado. La solidaridad ha brotado de inmediato, pero esto se sabe que pasará, la capacidad de asombro dura poco, volveremos a lo cotidiano y esto será pasado. Al vernos invitados al tiempo de Cuaresma, que estamos iniciando ahora, les invito a volver a tener en el corazón a los que han sufrido, y que no falten gestos de solidaridad espiritual y material con ellos.

 

4. Como Iglesia en Arica, este año queremos reflexionar sobre la realidad familiar que nos encontramos en nuestras calles y comunidades. Todos somos parte de una familia, la formamos como hijos, hermanos o padres, algunos con más años y con canas son los abuelos, en todos se manifiesta Dios, que va invitando a construir familia, desde lo que son cada una en concreto. En esa realidad el evangelio tiene algo que decir y aportar para que vaya siendo reflejo del sueño de Dios, que quiere que seamos felices y le lleguemos a conocer, amar y servir.

 

5. La Cuaresma nos llama a ser discípulos que testimoniemos un modo de vida que lleve a la alegría del encuentro con Jesús. Un encuentro que se da de muchas formas y en distintas realidades. La familia y en especial los jóvenes nos reclaman a los que vivimos en la comunidad eclesial, que facilitemos ese encuentro, de ahí nuestro testimonio es fundamental y las actitudes que le acompañan esenciales para que ese encuentro se pueda o no dar.

 

6. Tenemos una gran oportunidad, es Jesús quien nos está convocando a mirar cómo vamos viviendo para dejarlo habitar en medio nuestro y cure así, las heridas del caminar cotidiano.

 

7. La pregunta para esta Cuaresma es ¿qué quiere hoy Dios de la familia y los jóvenes? La respuesta no es indiferente, como tampoco lo es lo que Dios añora de la vida de cada uno. En el campo difícil y desafiante de nuestra historia, ayudar a responder se convierte en una oportunidad para encontrarse con la persona de Jesús que se quiere poner a caminar con nosotros.

 

8. Les propongo que los actos de piedad que vivamos esta Cuaresma, sean experimentados como una acción de creación de una cultura familiar y juvenil, donde descubramos la vocación a la que estamos llamados, y de este modo nos lleve a desafíos de plenitud. El discípulo y la Iglesia no hacen juicios sobre cómo hemos vivido, de los errores cometidos, queremos animar a mirar hacia el futuro, Dios siempre da oportunidades, y la piedad vivida nos renueva. El ayuno, la oración y la limosna de este tiempo sean signo de la esperanza que brota de la generosidad de Dios y que no defrauda.

 

9. Una tarea para estos días será, que todos colaboremos con la Campaña de Cuaresma de Fraternidad, como signo de la conversión de nuestro corazón y de la vida. Tender la mano, por medio de esta campaña, son hace agentes activos en la construcción de la Iglesia en la familia y los jóvenes.

 

10. Desde hoy y por cuarenta días, podemos dejar que las manos del Señor se posen sobre nuestra vida y con su gracia, moldee nuestro corazón y lo haga semejante al suyo.

 

11. Vivir la Cuaresma con la certeza que Dios nos ama y con la alegría de su compañía, nos hará llegar dispuestos al triduo Pascual y a las fiestas pascuales no como un acontecimiento o evento, sino como experiencia fundante de un estilo cristiano de vida que plenifica toda la existencia.

 

12. Les encomiendo a cada uno que cuide de la familia y de los jóvenes que conocen, recen para que el Señor sea conocido y aceptado por todos, que sepamos acercarnos a los que le buscan o los que se sienten alejados. Recen por nuestra Iglesia, por mí y por todos los que peregrinan en estas tierras del norte. Cuenten con mi oración de hermano y Pastor.

 

+Mons. Moisés C. Atisha Contreras

Obispo de San Marcos de Arica

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