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Una de las mas
antiguas tradiciones de devoción en nuestra diócesis corresponde al
peregrinaje a la "Virgen de Las Peñas" que se realiza el primer domingo de
Octubre de cada año y al que concurren miles de peregrinos del norte de
Chile y sur del Perú
El Santuario de
Nuestra Señora del Rosario de Las Peñas, se encuentra ubicado en el sector
de Livilcar aproximadamente a 72 kilómetros de Arica y al el se accede por
un camino pavimentado en 45 kilómetros, 10 kilómetros de camino de tierra
estabilizada, lugar en que se debe descender del vehículo y avanzar por un
difícil sendero peatonal de 17 kilómetros, entre piedras, riachuelos y
quebradas.
Hay por lo menos dos leyendas referente al origen el
culto de la Virgen de las Peñas en Livilcar. La primera dice que hace mucho
tiempo en un pequeño pueblo de Carangas (provincia boliviana del Altiplano
colindante al Depto. de Arica) se celebraba la fiesta de la Virgen del
Rosario. Una vez, el alférez que estaba a cargo de la fiesta - quien era
pobre- causó el desprecio de un hombre que era rico y orgulloso. Al final de
la fiesta ese hombre agarró el estandarte para un año siguiente. Para
humillar al alférez dijo, que él iba a hacer la fiesta como debía hacerse.
Al año siguiente, arregló la Iglesia con muchas flores y velas, tanto como
nunca se había visto, y se puso junto a otros a tomar bastante. Pero la
iglesia se incendió, y la imagen de la Virgen desapareció. Unos pastores que
llegaban atrasados a la fiesta, encontraron en el camino del pueblo a una
señora desconocida. Le preguntaron si no iba a la fiesta, y ella respondió:
"Voy a otro lugar, donde me adoran más". Y de pronto se convirtió en una
paloma blanca que voló al oeste.
Justo en ese tiempo había un gobernador malo en Humagata (pueblo ahora
abandonado, a poca distancia del Santuario de Las Peñas, situado en la misma
quebrada). Un día se enfermó su esposa. El gobernador mandó a llamar un
curandero para mejorarla, pero la señora murió. El Gobernador acusó al
curandero de ser brujo y lo condenó a morir quemado en una hoguera. Y más
todavía, lo mandó a buscar, él mismo, la leña para la hoguera. El curandero
que era hombre bueno, lloró mucho y fue a buscar leña.
Así llegó llorando frente a las rocas de Livilcar y vio llegar una paloma
blanca, que se posó a descansar contra la peña. Era la paloma que vino de
Carangas. Llamó la atención del curandero, porque era muy bonita. Quería
tomarla y llevarla al gobernador para pedirle compasión, pero justo en ese
momento desapareció, y en la roca quedó grabada una Virgen. El curandero se
asustó mucho y corrió haber al gobernador y le contó lo que le había pasado.
El gobernador no quiso creerle, pero después dijo: 'Si mientes, te voy a
quemar vivo allá mismo". Fueron, y el Gobernador comprobó que era así.
Reconoció que el curandero no era brujo y lo perdonó. Fueron a avisar al
cura de Humagata, y éste lo comprobó también y avisó a los Padres
Franciscanos de Codpa. Los Padres fueron y quisieron sacar la Virgen con
cinceles de la roca, con piedra y todo; querían llevársela al templo, porque
era muy bonita, pero no pudieron porque la roca era muy dura.
Esa noche el cura sufrió gran dolor de cabeza y escuchó una voz que dijo:
"Sufres mucho. Yo también sufro con los golpes que me dan". Cuando despertó
el cura, ordenó se parara el trabajo y que la gente fueras a adorar la
Virgen allá mismo, en Las Peñas, porque reconoció que era milagrosa.
Si bien el origen del santuario se pierde en la nebulosa del tiempo, se
supone que este tradicional lugar de devoción popular tendría casi
doscientos años. Algunas versiones señalan que en 1700 ya había santuario,
lo cierto es que desde 1840 ya existen referencias oficiales. La iglesia
data de 1910.
El Santuario está a cargo de su Rector P. Mario Maldonado
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