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EPE Salesianos - Arica |
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Giovanni Bosco: SAN JUAN BOSCO (1815-1888) S u padre Francesco, un sencillo campesino, murió cuando Giovanni apenas tenía dos años y medio. La mamá, Margherita, analfabeta y muy pobre, tuvo que encargarse ella sola de levantar a sus dos pequeños hijos, Juan y José, y al hermanastro Antonio, hijo de un primer matrimonio de Francisco, y cuidar además de la anciana suegra, paralizada en una silla.
Juanito Bosco deseaba mucho estudiar pero en la comarca no existían escuelas y no había dinero para ir al pueblo a estudiar. Un tío campesino le enseñó a leer, y el niño Bosco empleaba todas las horas libres que le dejaban los trabajos del campo en leer y aprender el catecismo y la Historia Sagrada. A los 9 años tiene Juanito Bosco el primero de sus 159 sueños proféticos. Se le aparece Nuestro Señor junto con la Virgen María y le presentan un montón de fieras que luego se convierten en corderos. Luego le muestran una multitud de jóvenes y le dicen: "Este será tu oficio: cambiar jóvenes tan difíciles como fieras, en buenos cristianos tan dóciles como corderitos".
Sus tres grandes amores serán siempre: Jesús Sacramentado, María Auxiliadora y el Sumo Pontífice. De ellos habla continuamente y logra entusiasmar a sus discípulos de manera admirable por estos tres grandes valores del catolicismo: Jesús en la Sagrada Eucaristía, la Virgen Santísima, y el Santo Padre el Papa.Su don de hacer milagros es un caso excepcional. Para su canonización se presentaron 650 milagros obrados por él, narrados con juramentos por testigos presenciales. Y después de muerto ha obtenido milagros portentosos en favor de sus devotos. El decía y repetía: "Yo no hago milagros. Solamente rezo y hago que invoquen con fe a María Auxiliadora y Ella va donde su Hijo, y Cristo Jesús es el que obra Una cualidad admirable: su interés por la salvación de la juventud. El entusiasmo de Don Bosco por la juventud es más único que raro. Desde su infancia ejerce una influencia muy notoria entre sus compañeros. Niño que se hacía amigo de Juanito Bosco se hacía mejor. Y después durante los 47 años de su sacerdocio parece que no vive sino para la juventud. Se gana de tal manera el cariño de los jóvenes, que es difícil encontrar en toda la historia de la humanidad, después de Jesús, un educador que haya sido tan amado como Don Bosco. Los jóvenes llegaban hasta pelearse unos contra otros afirmando cada uno que a él lo amaba el santo más que a los demás. En su trato era puro como un ángel, pero extraordinariamente afectuoso. Todos se daban cuenta de que su preocupación era salvar el alma de cada uno de sus discípulos, y para lograr esto estaba resuelto a cualquier sacrificio por grande que fuera. Otra cualidad impresionante de Don Bosco
fue su alegría. Los muchachos de la calle lo llamaban: "Ese es el Padre
que siempre está alegre. El Padre de los cuentos bonitos". Su sonrisa
era de siempre. Nadie lo encontraba jamás de mal humor y nunca se le
escuchaba una palabra dura o humillante. Hablar con él la primera vez era
quedar ya de amigo suyo para toda la vida. Con medios materiales insignificantes realizaba grandes obras. Con tres monedas empezó un templo, que costaba 300 millones y en cuatro años lo logró levantar. Le agradaba repetir: "Cada ladrillo de este templo es un milagro de María Auxiliadora".
También fundó San Juan Bosco a las
Hermanas Salesianas, Hijas de María Auxiliadora, las cuales son 16.000 en 75
países y se dedican a educar a la juventud pobre. Muy famosos fueron los sueños de Don
Bosco. (En Italia a los sacerdotes les dicen 'Don', por eso a San Juan
Bosco toda la gente lo llamaba Don Bosco). Los sueños que él narró
a sus discípulos son 159, y están coleccionados en un bello libro cuya
lectura impresiona y hace un enorme bien. En sus sueños veía con admirable
precisión el futuro. Durante 40 años todas las muertes que sucedieron en
su enorme Obra educativa de Turín (y que fueron más de 40) las anunció con
exactitud impresionante. Veinte años antes de empezar a construir el
majestuoso Templo a María Auxiliadora, lo vio en sueños con todos sus
detalles y en el sitio exacto en el que después fue construido. Y en ese
tiempo no había conseguido ni siquiera un metro de aquellos terrenos.
Veía en sueños el estado exacto de la conciencia de sus discípulos y después
los llamaba y les hacía una descripción tan completa de los pecados que
ellos habían cometido, que muchos aclamaban emocionados: "Si hubiera venido
un ángel a contarle toda mi vida, no me habría hablado con mayor precisión". Sus últimas palabras, la noche anterior al día de su muerte fueron: "Jesús, María, mañana, mañana…".
Murió en la madrugada del 31 de enero de
1888. En ese mismo día junto a su cadáver se obraron prodigios y
curaciones. Durante tres días la ciudad de Turín desfiló ante su cadáver.
A su entierro asistieron muchos obispos, 300 sacerdotes y 300.000 fieles.
La Cisterna - Santiago - Chile
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