Ante el trágico fallecimiento de la
Gobernadora de Parinacota María Isabel
Marcelo, monseñor Vargas expresó el dolor por
su partida y dio gracias Dios por lo que su
existencia significó para la iglesia, su
familia y nuestro pueblo.
Querida María Isabel
Lamentando inmensamente mi ausencia en esta
celebración litúrgica de tu Pascua personal,
deseo compartirte algunos sentimientos que
brotan de mi corazón de Pastor.
Ante todo deseo expresarte el gran dolor en
que me ha sumido tu partida de esta vida.
Dolor por lo prematuro e inesperado, dolor por
la forma en que esto ha acontecido, y dolor
por el significado de todo ello en tu amado
esposo e hijos. Desde el primer minuto en que
se comunicó en Santiago, no he cesado de orar
al Señor y de ofrecer la eucaristía por ti y
por cuantos te aman y quieren.
No obstante la legítima tristeza en que no
pocos nos vemos sumergidos, deseo al mismo
tiempo dar gracias a Dios esta tarde:
Gracias por tu vida, que para muchos de
nosotros fue un hermoso regalo que Dios nos
hizo;
Gracias por la vocación de servicio que el
Señor te concedió. Vocación a la que
respondiste con una entrega y sacrificio
admirables, y en la cual y por la cual,
terminaste finalmente ofreciendo tu vida.
Gracias por tu inmenso amor a los hombres y
mujeres del mundo andino, cuyos caminos
recorriste incansablemente, cuyos anhelos,
esperanzas, angustias, tradiciones culturales
y religiosas los hiciste tuyos.
Gracias por la fuerza y pasión con que te la
jugaste tantas veces, por sacar adelante
proyectos de desarrollo y de bienestar de los
pueblos del interior.
Gracias por el hermoso testimonio y ejemplo e
familia que junto a tu querido esposo
construiste, y del cual tanta necesidad
tenemos para construir una sociedad más justa
y humana. Justo el día anterior a tu partida,
tuve la alegría de escuchar tu testimonio
acerca del amor tan grande que sentías hacia
tu marido e hijos.
Gracias por la amistad y confianza con la que
me honraste, por las ocasiones en que quisiste
compartirme tu desaliento por el complejo
clima político que a veces experimentabas en
la Región y en instancias públicas, y cómo
esto te afectaba; o el sufrimiento adicional
que solían provocarte la postergación de
soluciones esperadas con ansias en la
Provincia de Parinacota.
Gracias por tu cercanía y cariño hacia la
labor evangelizadora de la Iglesia en los
Pueblos Andinos
Querida María Isabel, aquí estamos todos esta
tarde. Lo estamos porque hemos sido convocados
por ti a celebrar tu vida y hacer de ella una
gran acción de gracias.
Porque siempre fuiste una mujer de enorme fe,
es por ello que te invito a que desde la nueva
vida que te encuentras experimentando, nos
permitas sumarnos a tu canto de alabanza al
Dios de la vida:
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
deseamos alabarte,
Porque en todos los momentos y circunstancias
de la vida,
En la salud y en la enfermedad,
En el sufrimiento y en el gozo.
Porque tu Hijo Jesús, nuestro Redentor, en su
vida terrena, pasó haciendo el bien,
Y curando a los oprimidos por el mal.
También hoy se acerca como buen samaritano
Se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo
o en su espíritu,
Y cura sus heridas con el aceite del consuelo
y el vino de la esperanza.
Por este don de tu gracia,
Incluso cuando nos vemos sumergidos en la
noche del dolor,
Vislumbramos la luz pascual
En tu hijo, muerto y resucitado.
Muy querida hija,
Tu fugaz paso entre nosotros, fue sin duda el
paso del mismo Señor,
Y por ello, porque viviste amando, porque
moriste sirviendo por amor a tu pueblo,
Entra en el gozo de tu Señor,
Entra al lugar que él tiene reservado a las
personas justas y buenas.
Porque el amor perdura para siempre, porque el
amor da la vida plena, porque el amor es más
fuerte que la muerte.
Intercede por tu amada familia, intercede por
todos nosotros, intercede por el futuro de
esta tierra que anhelamos amar y servir como
tú.
Descansa en paz.
Fuente:
Comunicaciones Arica