Frente a
la contaminación por metales en Arica,
Monseñor Vargas en una declaración publica
efectúa un análisis del grave problema y llama
a reanudar las conversaciones para encontrar
una justa solución.
En el documento el obispo de Arica, señala
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No cabe duda que nos encontramos frente a
un fenómeno inédito en nuestra región y
país, fruto de graves errores e incluso
desidia de parte de quienes tenían en sus
manos la responsabilidad de hacerse
oficialmente cargo de esta situación, y
cuyas consecuencias son aún difíciles de
evaluar en toda su magnitud. Es una triste
realidad que clama al cielo.
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Lo anterior hace plenamente comprensible
el clamor de miles de familias, que con
legítima razón vienen
expresando su profundo
desconcierto, dolor y frustración sobre un
tema que los afecta tan directamente,
especialmente en el penoso deterioro de su
salud, y cuya denuncia se viene llevando a
cabo desde hace años, sin mayor resultado.
Con el Papa Juan Pablo II, recordamos que
“los pobres no pueden esperar”.
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En las últimas semanas, hemos asistido a
la reacción a nivel central y regional de
las autoridades de Gobierno, por dar una
respuesta eficiente, integral y permanente
a cuanto se ha expresado. Esto se ha
concretizando en la elaboración de una
primera redacción de lo que sería el “Plan
Maestro”, acompañado del anuncio de la
posible presentación de un Proyecto de Ley
al respecto, y que asegure la permanencia
en el tiempo de los esperados beneficios.
Esto, no puede sino valorizarse,
agradecerse y renueva las esperanzas.
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Sin embargo, tememos que el deseo de dar
pronta respuesta a un problema no
completamente dimensionado en su real
alcance y complejidad, ofrezca la
tentación de soluciones rápidas y
generalizadas para todos. De este modo,
algunos anuncios así, las personas
comienzan a percibirlos como
insuficientes, en algunos casos
discriminatorias y en otros injustas o
excluyentes. Ello está trayendo como
consecuencia división de dirigentes y
familias de las poblaciones afectadas, y
lo más serio, una nueva y creciente
desconfianza en la autoridad.
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Todo hace ver que los problemas mayores a
despejar, estarían relacionados con una
erradicación que vaya acompañada con una
solución habitacional que sea equitativa a
las actuales condiciones de cada vivienda
en cuanto a metros construidos; a la
legalización como propietarios con la
entrega de títulos de dominio de quienes
por años no los han tenido; a un centro de
salud que se haga cargo en forma expedita
y específica del tratamiento de por vida
de los contaminados; a un acceso a la
educación escolar y superior que permita a
los niños y jóvenes finalizar sus estudios
aún con las serias limitaciones de su
salud y su capacidad de aprendizajes; un
sistema de justa reparación económica por
el daño provocado, especialmente a quienes
deberán sobrellevarlo de por vida.
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Lo anterior pasa por una mayor y mejor
coordinación de los servicios públicos
involucrados y sobre todo, dar desde el
nivel central mayor liderazgo al Gobierno
Regional. Muchos esperan mayores
atribuciones en nuestras autoridades
locales para un tratamiento mucho
más directo, personalizado y pertinente
del tema. Ello favorecería el diálogo, la
participación ciudadana y la búsqueda de
mejores soluciones.
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Todos debemos entender que semejante
problema, no se soluciona de la noche a la
mañana. Se requiere sentarse a conversar
para hacerse cargo de lo más urgente, y lo
más urgente son las situaciones más graves
de salud y el aceleramiento traslado de
las familias del sector más comprometido.
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Finalmente, con particular afecto, hago un
sentido llamado a quienes se encuentran en
huelga de hambre a deponer esta forma de
presión. Ya la contaminación ha venido
atentando de muchas maneras en contra del
sagrado valor de la vida, don de Dios y
ello no debe continuar con nuevas formas.
La comunión en las justas demandas,
la fortaleza de la verdad de los hechos,
el consenso ciudadano que exige justicia y
la disposición de las autoridades, son
herramientas más que suficientes para
avanzar con esperanza.
+Héctor Vargas Bastidas, sdb
Obispo de san Marcos de Arica
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30 de septiembre 2009. |
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