"Con profundo pesar he leído el parecer de algunas de
nuestras autoridades locales, dispuestas a favorecer la
distribución de una píldora que la ciencia no logra aún
asegurar que no sea abortiva. El Tema que se argumenta es
el de la justicia, porque quienes tiene dinero si la
pueden adquirir. En realidad si la adquiere gratuitamente
o comprándola, siempre será una enorme e incomprensible
injusticia respecto de una de las mas débiles inocentes e
indefensas criaturas: la que ya engendrada anhela nacer.
Después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial en
donde se cometieron atrocidades con millones de seres
humanos nació desde la ONU la Carta de los Derechos
Humanos, "para que nunca mas". El primero de estos
derechos, el más sagrado, sin el cual los demás no tiene
sustento alguno, es el de la VIDA
Un niño que viene jamás puede ser un agresor de quien
liberarse, y mucho menos el responsable de haber sido
engendrado y por ello condenado a desaparecer. A la brutal
injusticia de una violación, no debe sumarse otra victima
mas, dejando de paso una herida no fácil de asumir en la
conciencia materna. De amabas victimas debemos hacernos
cargo. Si la vida de un niño en el seno de su madre ya no
cuenta con la seguridad mas grande que podría existir, la
vida de cualquiera de nosotros más temprano que tarde
valdrá cada vez menos. Menos que un cisne en Valdivia o
que una ballena azul varada, por quienes si se mueven
miles de defensores y muchos recursos. Se corre así
el riesgo de colaborar en la construcción de una sociedad
cada vez mas violenta. La Píldora es causa de una
creciente y temprana promiscuidad sexual, exacerbada por
tantos medios, promovida en varios de nuestros ambientes
de diversión, y de una educación en el amor y la
afectividad gravemente deficitaria.
La invitación es a conocer más profundamente el
significado de este hermoso don en la vida y en la
felicidad del ser humano.
+Héctor Vargas Bastidas
Obispo de Arica.